Antes de ver que es eso de las habilidades blandas, vamos a ponernos en situación… Llegas a una tienda de informática a comprar un disco duro. Te atiende un empleado que conoce el producto que quiere venderte pero es un sieso. Contesta a tus preguntas desganado y notas que está deseando que tomes tu decisión «o compras o te vas».
Decides irte porque no estás convencido, vas a otra tienda y la persona que te atiende, además de conocer el producto, escucha tus preguntas y te responde con amabilidad y una sonrisa. El disco duro cuesta tres euros más en la segunda tienda, pero no importa, acabas comprando en la del empleado amable.
¿Te suena esta situación? ¿Por qué vende más la persona amable que la otra: siendo el producto más barato y conociendo también sus características?
Pues porque la mayoría de las decisiones que tomamos los seres humanos están más vinculadas a las emociones que a la razón. Puede que la razón nos diga «siempre el más barato», «si lo que quiero es el aparato, qué más me da cómo me lo vendan», etc.
Pero al final, la mayoría de las decisiones que tomamos son emocionales. Si te has sentido bien y te ha transmitido buenas vibraciones, es más probable que compres.
Las habilidades que tenía el segundo dependiente se clasifican como «habilidades blandas». Son las que están vinculadas con la inteligencia emocional.
Existen otro tipo de habilidades, «las fuertes», y éstas se relacionan con la formación que vamos adquiriendo: carrera que hemos estudiado, idiomas que hablamos, programas informáticos que controlamos, etc.
Muchas veces centramos nuestra atención en las segundas. Sin embargo, en muchísimas ocasiones, son las primeras las que establecen nuestro valor diferencial, las que nos aportan una ventaja competitiva a la hora de encontrar trabajo, y por supuesto en nuestro día a día.
Hablábamos de habilidades también en nuestro artículo sobre la capacidad de innovación, porque son nuestras habilidades las que nos permiten introducir novedades cuando ocurre un cambio (ya sea interno o externo) y nos ayudan a no tener que «sufrirlo» sino «aprovecharlo».
Antes de nada, tenemos que conocerlas. Conocerse a uno mismo es la clave para el desarrollo de la inteligencia emocional. ¿Y cómo conocerse? Pues existen infinidad de formas: meditación, viajes, conversar con personas interesantes, … todo lo que nos lleve a encontrarnos.
Echa un vistazo a este test de personalidad, los resultados que da son curiosos.
Salir de nuestra zona de confort, es una grandísima forma de conocernos a nosotros mismos. Lo que nos suponga un reto nos hará mejorar y adquirir habilidades que nos ayuden en nuestro día a día.
Una buena forma de salir de la zona de confort es viajar, vivir en nuevos lugares, etc. Si estás dándole vueltas a esto, quieres salir de la rutina, experimentar y desarrollar tus habilidades (tanto duras como blandas) una buena idea puede ser venirte a estudiar en el extranjero.Nosotros te acompañaremos y vivirás una de las mejores experiencias de tu vida.
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Si estás buscando mejorar tu inglés en Valencia, es probable que ya hayas visto la gran cantidad de academias disponibles. Sin embargo, no todas ofrecen lo mismo ni están pensadas para adultos que quieren avanzar de forma práctica y eficaz.
Aprender inglés se ha convertido en una herramienta clave tanto a nivel profesional como personal. En una ciudad como Bilbao, cada vez más conectada a nivel internacional, dominar el idioma puede abrir muchas puertas, ya sea para acceder a mejores oportunidades laborales, viajar o simplemente desenvolverse con más confianza.
No lo decimos nosotros: estudiantes reales cuentan cómo fue su experiencia estudiando en el extranjero con Dingoos.